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 Guerra de los Dioses

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Dama Eterna
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MensajeTema: Guerra de los Dioses   Vie Feb 22, 2008 8:14 pm



Cuando el mundo aun era nuevo, los siete dioses vivían en armonía y las razas del hombre eran un solo publo. Belar, el más joven de los dioses, era amado po los alorn. Él se instaló entre ellos y los estimó, y los alorn properaron bajo su cuidado. Los demás dioses también reunieron gente en torno a ellos y cada dios estimó a su pueblo.

Pero Aldur, el hermano mayor de Belar, era un dios sin pueblo. Aldur vivió apartado de los hombres y dioses hasta el día en que un niño vagabundo lo buscó y se presentó ante él. Aldu aceptó al niño como discípulo y lo llamó Belgarath. Belgarath aprendió el secreto de la Voluntad y la Palabra y se convirtió en hechicero. En los años siguientes, hubo otros que acudieron también en busa del dios solitario. Éstos se congregaron en hermandad a los pies de Aldur para aprender y el tiempo no los tocó.

Sucedió entonces que Aldur tomó del suelo una piedra con forma de un globo, no mayor que el corazón de un niño, y le dio vueltas en su mano hasta que la piedra se convirtió en un espíritu vivo. El poder de la joya viviente, que los hombres llamaron el Orbe de Aludr, era muy grande, y Aldur obró maravillas con ella.

De todos los dioses, Torak era el más hermoso y su pueblo eran los angaraks. éstos quemaban sacrificos ante él y lo llamaban Señor de Señores Llegó el día, sin embargo, en que supo de la existencia del Orbe de Aldur y, desde aquel momento, no conoció paz. Por último, disimulando sus sentimientos, acudió a ver a Aldur.

-Hermano-dijo Torak-, no esta bien que te mantengas apartado de nuestra compañía y consejo. Despréndete de esa joya qe ha seducido tu mente y la ha enajenado de nuestra camadería.

Aldur miró en el inerior del alma de su hermano y lo increpó:

-¿Por qué buscas el poder y el dominio, Torak? ¿No te basta con los angaraks? No permitas que tu orgullo te lleve a desear la posesión del Orbe, o acabrá ocntigo.

Grande fue la verguenza que sintió Torak ante las palabras de Aldur. Alzó el puño, lo golpeó y, tras apoderarse de la piedra, huyó.

Los demás dioses le suplicaron que evolviera el Orbe, pero Torak se negó. Entonces, las razas del hombre se levantaron y se dirigieron contra las huestes de los angaraks, y les declararon la guerra. Las guerras de los dioses y de los hombres se sucedieron con saña po la tierra hasta que, cerca de las altias de Korim, Torak levantó el Orbe y le impuso su voluntad y lo obligó a partir en dos la tierra. Las montañas se derrumbaron y el mar penetró en los terrenos bajos, pero Belar y Aldur unieron sus voluntades y lograron poner límites al mar. No obstante, las razas de los hombres quedaron separadas unas de otras y lo mismo sucedió con los dioses.

Pero cuando Torak levantó el Orbe viviente y lo descargó contra la tierra, su madre, la piedra despertó y empezó a arder con una llama sagrada cuo fuego azul quemó el rostro de Torak. Presa del dolor, el dios desmoronó montes; atormentado, abrió grietas en la tierra envuelto en extrema aflicción e hizo penetrar en mar. Las llamas prendieron en su mano izquierda y la redujeron a cenizas, la carne del lado izquierdo de su rostro se fundió como si fuera cera y su ojo izquierdo hirvió en su cuenca.

Bajo la carga de su infinito dolor, Torak condujo a su pueblo hacia el este, donde los angaraks edificaron en las llanuras de Malorea una gran ciudad a la que llmaron Cthol Mishrak, Ciudad de la Noche, pues Torak ocultó sus mutilaciones en la oscuridad. Los angaraks alzaron una torre de hierro para su dios y colocaron el Orbe en una urna de hierro en la cámara más alta del a torre.

Belar había conducido a los alorn hacia el norte. De todos los hombres, éstos eran los más resistentes y aguerridos y Belar insufló en sus corazones un odio eterno a los angaraks. Con crueles espadas y hachas, los alorn fueron incursionando hacia el note, incluso hasta las extensiones de hielos perenes, en busca de un camino que los condujera a sus enemigos ancestrales.

Así transcurrió el tiempo hasta que Cherek-Hombros de Oso, el rey más grande de los alorn, viajó al valle de Aldur en busca de BElgarath el Hechicero.

-La ruta al Norte está abierta. Ha llegado el momento de descubrir el camino a la Ciudad de la Noche y recuperar el Orbe en poder del Tuerto.

Poledra, la esposa de BElgarath, esperaba un hijo, y el Hechicero era reacio a abandonarla; sin embargo, Cherek lo convenció, y en una noche los dos se marcharon para unirse a los hijos de Chrek: Dras-Cuello de Toro, Algar-Pies Ligeros y Riva-Puño de Hierro.

Bajo la nieve y la bruma el grupo avanzó hasta Mallorea y llegó al fin a la Ciudad de la Noche. Ascendieron en silencio los oxidados peldaños de una escalera que nadie había pisado en veinte siglos. Con gran temor, atravesaron la cámara en la que Torak yacía sumido en un letargo causado por el dolor y con su rostro oculto bajo una máscara de acero. Pasaron con sigilo ante el dios dormido hasta alcanzar po fin la cámara donde se hallaba la urna de hierro que guardaba el Orbe viviente. Cherek indicó a Belgarath que cogiera el Orbe, pero este se negó, pues la voluntad de la piedra se endureció cuando Torak lo alzó contra su madre. Desde ahora sólo podrá tocarlo quien carezca de la menor malicia en su corazón.

Riva-Puño de Hierro abrió la urna y tomó en sus manos el Orbe. El fuego brilló entre sus dedos, pero no lo quemó. Riva envolvió el Orbe en su capa y lo guardó bajo la túnica. Los intrusos volvieron sobre sus pasos hasta dejar atras las puertas de la ciudadela.

Poco después Torak despertó y acudió a la Cámara del Orbe. Terrible fue la cólera de Kal-Torak al ver que el Orbe había desaparecido. Gritó a los angaraks con voz atronadora:

-Por haberos vuelto indolentes y descuidados arrarsaré vuestras ciudades y os dispersaré. Los angaraks vagarán por las tierras hasta que el Orbe me sea devuelto.

Tras esto convirtió la Ciudad de la Noche en un montón de ruinas y expulsó a los angaraks a las tierras vírgenes. Las uestes angaraks, con Torak a la cabeza, persiguieron a Belgarath y sus compañeros. Mas Riva alzó la piedra y esta desató su poder: Torak lanzó un grito y huyó y las primeras filas de las huestes angaraks fueron consumidas po el fuego y los supervivientes uyeron presa del terror.

De ese modo, Belgarath y sus compañeros escaparon de Mallorea trasladando el Orbe hasta los Reinos del Oeste. Los dioses, sabedores de que otra guerra entre ellos destruiría el Universo, se ausentaron del mundo para que Torak no pudiera encontrarlos y proteger así a sus pueblos. Sólo Torak permaneció en el mundo.

Entonces Belgarath habló con Cherek y sus hijos y acordaron seaprarse para proteger el Orbe. Dras-Cuello de Toro fue al norte y llamó a sus tierras Drasnia. Algar-Pies Ligeros se dirigió al sur con su pueblo y encontró caballos en las amplias llanuras bañadas por el río Aldur. Su pueblo aprendió a domar caballos y por primera vez en la historia aparecieron guerreros jinetes. Su país recibió el nombre de Algaria y su gente se hizó nómada. Cherek regresó a ssu tierras y las rebautizó con su propio nombre, pues Cherek estaba ahora solo y sin hijos. Con voluntad y determinación construyó unas grandes naves de guerra para patrullar los mares y dominar en ellos al enemigo.

La carga del viaje más largo recayó en el portador del Orbe. Al frente de su pueblo, Riva-Puño de Hierro cruzó las aguas con su gente hasta la Isla de los Vientos. A su llegada los hombes quemaron las barcas y levantaron una fortaleza.

Cuando Belgarath regresó a casa se enteró que su mujer había muerto tras dar a luz a gemelas. Abrumado por la pena, puso por nombre Polgara a la mayor, que tenía el cabello negro como el ala de un cuervo a excepción de un mechón blanco sobre su ceja izquierda, marca de los hechiceros. La segunda de las mellizas, de piel blanca y cabello dorado, no poseía la marca. Su padre la llamó Beldaran y cuando tuvo edad suficiente, fue desposada al Riva-Puño de Hierro, para continuar asi el linaje Riva, protector del Orbe.

Mientras tanto, Polgara y Belgarath unieron sus poderes para mantener bajo vigilancia a Torak. Y hay quien dice que todavía siguen así, manteniendo su vigilia a lo largo de incontables siglos...
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